¿Por qué Unos y Otros?

Mi padre fue un dramaturgo al que la guerra civil y el franquismo le cortaron las alas. Estrenó en 1936 su primera obra en un teatro del Paralelo, de Barcelona. Llevaba por título, “Más cerca de Dios” y era una crítica a la religión católica, porque mi padre era profundamente anticlerical. Mi padre era, como él solía decir, “ateo y peatón”. También era socialista, sin carnet, y orgullosamente republicano. Denunciado por “rojo” fue juzgado y condenado, y pasó algo más de tres años en la cárcel de Valencia.Allí le conocí. Pero esa es otra historia.

La obra tuvo éxito y la crítica anunció el nacimient de un joven y prometedor autor y le compararon con Alejandro Casona. Huelga decir que la cárcel y la dictaduira dieron al traste con la probable carrera de mi padre como dramaturgo. Aunque él siguió escribiendo. Y leyendo sus obras a actores, familiares y amigos a la luz de un ruidoso candil de carburo, en sesiones nocturnas que tenían toda la apariencia de reuniones clandestinas - y en realidad lo eran -, en las que se tramaba nada más y nada menos que la lectura de una obra de teatro.Es posible que mi pasión por el teatro naciera en aquellas veladas a las que yo asistía embelesado por la magia de las palabras de mi padre - qué bien leía -, por las luces y las sombras que creaba el candil y por la cálida cordialidad de aquella pequeña ciudadanía que, en total silencio y fumando copiosamente, escuchaba losdiálogos de los personajes creados por mi padre y que hablaban por su boca. En todo caso sé que la poética que desprendían aquellas sesiones me marcó profundamente. Yo intuía, además, que aquello que allí sucedía era algo “`prohibido”, aunque no supiera exactamente por quién. Pero sí sabía, en todo caso, que los responsables eran “los otros”.

Recuerdo también que todas las sesiones terminaban, tras el cálido coloquio, con la unánime conclusión de que lo que mi padre había escrito era irrepresentable, dado el carácter del régimen y dado el carácter social del teatro de mi padre, al cual no renunció jamás. Siguió escribiendo, pero sus obras están hoy en un cajón de mi escritorio, en mi casa.

Una de las obras llevaba por título : “UNOS Y OTROS“. En el escenario, dividido en dos espacios exactamente iguales - el comedor de una familia de clase media-baja -, los mismos actores representaban idénticos personajes en distintas situaciones familiares : la familia cuyo padre autoritario y represivo impone sus criterios patriarcales y violentos hasta conseguir la destrucción de la misma; y la otra familia, la que podríamos llamar “la familia republicana”, en la que lo determinante es la human idad de los personajes capaces de relacionarse en base a la generosidad, al diálogo, a la tolerancia, al respeto a la diversidad e incluso al humor como pasión de vida.. Y es que para mi padre era eso el socialismo : la sencillez de los humildes intentando ser felices, compartiendo lo poco que tienen. Mi padre no era un revolucionario, pero era una buena persona.

Con el tiempo, ese concepto de “unos y otros” de la obra de mi padre, ha ido calando profundamente en mí. No lo comparto científicamente, pero sí que lo asumo sociológica y culturalmente. Yo sé que hablar de “los unos y los otros” en la sociedad es hacer un burdo reduccionismo. Las cosas - y las clases - son mucho más complejas, así como los estratos que las configuran. Pero a mí me sirve eso de “unos y otros”. Los “unos” no poseen nada. Los “otros” tienen el poder. Hay una barrera y un abismo entre los “unos” y los “otros”. Los “otros” siempre reprimen a los “unos”. Para mí está muy claro quienes son los “otros”. Y basta leer las noticias del periódico al iniciarse el día para darse cuenta de que sólo hablan de los “otros” porque los “unos” no son noticia. Y, sin ambargo, los “unos” son el centro de la vida, mientras que los “otros” se erigen en sus representantes y “administradores” cuando no, simplemente, en us represores. Los “unos”, globalmente hablando, son siempre los mismos. Los “otros” disponen de muchos disfraces y hay que conocerlos bien para no dejarnos engañar por su “fregolismo”. (Fregoli : extraordinaro y hábil transformista).

 Siempre he rechazado el fácil maniqueismo que reduce la vida y la sociedad a la división entre “buenos y malos”. Y aún admitiendo que el mismo reduccionismo puede producirse al hablar de “unos y otros”, lo voy a mantener. En primer lugar porque es un homenaje a mi padre; en segundo lugar porque tiene mucho que ver con el teatro, y, en tercer lugar porque, en el fondo, me gusta estar con los “unos” y contra los “otros”.
Recuerdo que cuando nos opusimos a la guerra contra Irak, cuando dijimos NO A LA GUERRA, conjuntamente con millones de ciudadanos de nuestro país, nos dijeron - a nosotros, actores y actricves - que que nos ocupáramos de lo nuestro y no hiciéramos política. Pero eso lo dijeron los “otros”. Porque la guerra también la hicieron ellos, los “otros”.

Esta es la presentación que quería hacer de mi web/blog y del porqué de su título. Aquí termina el monólogo para convertirse, eso espero, en diálogo.

Un cordial saludo.
 
Jordi Dauder.